>ORGANIZACIÓN SOCIAL
INTRODUCCIÓN
El tercer tema que es necesario estudiar, es el relacionado con la organización social. Puede parecer a primera vista un tema menos importante para el estudio ambiental, que el relacionado con la plataforma tecnológica del hombre e incluso que el tema poblacional.
La relación entre problemática ambiental y organización social ha sido mucho menos estudiada que los otros temas a los que hemos hecho alusión y, sin embargo, tiene una importancia decisiva. Se puede decir quizás que es esta relación la que determina en forma más marcada los rumbos del sistema cultural y, por lo tanto, la que define el comportamiento frente al medio. Si la técnica es el brazo armado del hombre, son los intereses sociales los que lo arman.
DEFINICIÓN Y MÉTODO
Entendemos por organización social la manera como los miembros de la especie humana se aglutinan al rededor de objetivos relacionados con la reproducción, la producción material y el poder social. De allí surgen las tres formas básicas de la organización social: La familia, la economía y la política. La reproducción, sin embargo, puede referirse tanto a la perpetuación de la especie, como también a la transmisión de la cultura. Las instituciones diseñadas para reproducir el sistema cultural también forman parte de la organización social. Tal es el caso del sistema educativo.
Cada una de estas formas organizativas son distintas en las diferentes culturas. Así, por ejemplo, las formas de reproducir la especie puede establecerse sobre la unión de una mujer con varios hombres en los sistemas de poliandria, o de un hombre con varias mujeres en la poligamia o de un hombre y una mujer de manera estable o transitoria dentro de las formas modernas de monogamia.
Algo similar podemos decir de las organizaciones que se forman alrededor de la producción. Las culturas más sencillas conocen solo una división familiar del trabajo productivo. En las culturas modernas, en cambio, se ha complejizado enormemente la división del trabajo. Ello ha sucedido igualmente con relación a los sistemas educativos. Las culturas más sencillas no requieren sofisticadas instituciones de transmisión de la herencia cultura], como son los colegios o las universidades modernas. Les basta lo que ha dado en llamarse la educación endógena, en la que los conocimientos se trasmiten al interior de la familia nuclear o ampliada.
Las organizaciones políticas, o sea, las que se aglutinan alrededor del ejercicio del poder social, también han ido evolucionando a lo largo de la historia. De la organización familiar sometida directamente al jefe, hombre o mujer, se pasó al cacicazgo, que reúne bajo su dominio varias tribus o al Estado propiamente dicho, que disuelve en gran medida las particularidades de las culturas regionales y se organiza en complejas estructuras para la administración del poder.
Nos enfrentamos, por tanto, en el caso de la especie humana, a una complejización cada vez mayor de las organizaciones sociales, de la misma manera que observábamos una mayor complejidad y sofisticación en la plataforma técnica. Es este carácter evolutivo de la cultura lo que diferencia fundamentalmente al hombre de las otras especies. En el capítulo anterior observamos que lo que caracteriza a la especie humana no es tanto la utilización de instrumentos, sino el hecho de que esa plataforma técnica evolucione y se complejice a lo largo de la historia, trayendo consigo necesariamente una complejización de las instituciones que se encargan de trasmitir el conocimiento.
La validez de plantearse la formación de las sociedades como un proceso evolutivo ha sido muy cuestionado por las corrientes estructuralistas. Levi-Strauss, basándose en el nominalismo de Boas reacciona contra el historicismo que considera la cultura actual como el paradigma hacia el cual evoluciona necesariamente cualquier sociedad. Fletcher habla del agotamiento de la mentalidad evolucionista en ciencias sociales. Parece, sin embargo, difícil negar un proceso de acumulación cultural, que no necesariamente es ascendente, como lo explicaremos más adelante.
El estructuralismo tiene razón al afirmar que el solo criterio evolutivo no explica la complejidad cultural. Hay que añadirle el concepto de estructura. La cultura es un sistema en el que todos sus componentes se organizan de manera articulada. La articulación no significa necesariamente armonía. El balance puede darse entre polos opuestos.
La relación estructural entre tecnología, organización social y mundo simbólico ha sido posiblemente uno de los terrenos de discusión más fértil y polémico de las ciencias sociales. Es en este campo en el que se enfrentan idealismos y materialismos. Para los primeros el motor de cambio son las ideas. Para las corrientes materialistas es la práctica tecnológica o social. Las corrientes materialistas no se han puesto de acuerdo sobre la preeminencia de las determinaciones. Dentro de las corrientes marxista, Lefebvre explica el paso de la producción esclavista al feudalismo por el descubrimiento de la collera, del timón de codaste o del molino de agua, mientras para Docquès, por el contrario este desarrollo es el colorario de las luchas sociales.
Como hemos visto, la mayor parte de las corrientes modernas se inclinan o por un abierto idealismo, que implica un orden descendente de las determinaciones, desde el olimpo de las ideas, hasta el mundo material de la técnica o por un cierto eclecticismo, con predominio de las ideas, como el que predomina en el método estructuralista de Levi-Strauss, en el que el apriori kantiano de las ideas mantiene sus privilegios.
Algunas de la corrientes, sin embargo, aceptan la importancia del estudio de la instrumentalidad física, para entender las organizaciones sociales. La escuela conceptualizante francesa ha dado especial importancia al análisis de las estructuras materiales. Para Duby la estructura de una sociedad no puede ser comprendida sin un análisis del espacio que los hombres han ocupado, transformado y explotado. Ello no significa para esta escuela la aceptación del determinismo de la técnica. Duby o Braudel ven en los sistemas simbólicos o en las organizaciones sociales algo similar a líneas paralelas que no coinciden con los modos de producción material.
A estos criterios puramente culturales hay que añadirle el concepto de adaptación al medio. Existe un cierto desplazamiento del proceso evolutivo, que va desde la trasmisión genética, a la trasmisión de las formas de organización cultural. Algunas tendencias como por ejemplo la Ecología Humana, la Antropología estructuralista o el materialismo cultural han puesto énfasis en los aspectos organizativos de la cultura, mirados desde la perspectiva de su inserción en el medio. Sólo la etología y la sociobiología y algunas corrientes de la antropología social han intentado penetrar en los caminos evolutivos para explicar el comportamiento social del hombre. Sus conclusiones, sin embargo, no aportan mucha claridad para entender el problema ambiental o el problema humano.
Dentro de las corrientes ambientalistas se ha venido fortaleciendo el método de análisis, para comprender las organizaciones sociales como estrategias adaptativas. La mayor parte de estas corrientes sólo merecen el nombre de ecológicas, porque estudian los impactos sobre el medio de las distintas formaciones sociales. Tal es el caso de Donald Hughes, Kari Butzer o Donaid Worster. Otras corrientes de avanzada como el materialismo cultural, que estudiamos antes, o los trabajos de A. Crosby intentan estudiar de manera más sistemática las mutuas determinaciones entre ambiente y sociedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario